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Una noche en el Maisonnave
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Sara  
 

 

El otro día fui a una de las cena maridaje que organiza el Hotel Maisonnave desde hace seis años. ¡Ya era hora! Había oído que tenían mucha fama y que todos los meses se les llena el salón donde se celebra. Por fin el pasado viernes lo pude comprobar in situ.

Coincidí con los vinos de Castillo de Mendoza (D.O Rioja)  ¡todo un descubrimiento! Eloy, su dueño, encantador, nos fue explicando los secretos de sus caldos, los nombres que le ha dado a cada uno y las poesías que acompañan cada etiqueta. Y es que él ha cambiado la clásica descripción del vino (sabores que recuerdan a madera con regusto a flores... bla bla bla) por poesía. Versos preciosos que hacen referencia más que al vino al nombre que se le ha dado. Me pareció una idea genial que no hace más que ensalzar el cuidado diseño de la botella.

Además, el menú que preparó Juan Carlos Fernández le iba perfecto! Os cuento (y os lo enseño)

De primero tomamos una Construcción que no deconstrucción de menestra de verduras a la riojana.

 

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El vino con el que lo acompañamos fue un Vitarán Crianza que le iba perfecto. "Vamos a ir de menos a más" avisó el bodeguero... y ¡acertó, pero bien!

El chef nos había avisado de que su menestra no tenía "un color bonito". Yo la verdad es que no estuve muy de acuerdo porque me parece que la menestra tenía una pinta estupenda y un color auténtico. Juan Carlos explicó después que ahora están de moda las menestras fosforitas  que las hacen así porque tienen mejor pinta pero que nutritivamente es mucho peor esa forma de prepararlas.

 

 

Después nos sirvieron un besugo con pimientos secos que estaba muy rico. La salsita perfecta para untar!!

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El vino que le acompañó fue un Momilde, uno de los más ricos de la cena, para mi gusto y con una historia preciosa. Momilde es el tipo de zorro, muy astuto que vaga por las viñas que dan este tipo de vino. A ver si consigo la poesía y os la pongo que es preciosa.

 

 

 

 

 

 

 mai 3.JPGEl tercer plato hubo quien no se atrevió a probarlo. Los caracoles no son muy populares y muchas personas no quisieron ni oír hablar de ellos. Acompañaban un lomo de conejo deshuesado en caldereta que he de reconocer que estaba muy rico. Y eso que desde que tuve de mascota un conejo al que adoraba y que se llamaba Roquefort se me hace siempre un nudo en la garganta cuando me estoy comiendo a un animalillo que podría ser su hermano. No, no termino de disfrutarlo. Aunque he de reconocer que tierno sí estaba. Pero, ay, mi pobre Roque...

Los caracoles, para bien o para mal, sabían 100% a caracol... ¡La salsita rica, rica!  El vino, el más fuerte y premiado de la bodega, un Evento Autor.

 

Y de postre, fruta pero como para nota. Unas peras de Rincón de Soto al vino Tinto Castillo de Mendoza reserva.

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 "Igual me matan por utilizar un vino como éste para hacer el postre", bromeó el chef. Pero no ocurrió nada de eso porque los dueños de la bodega parecían encantados con la idea.

 

Así que pasamos una noche estupenda, con una degustación de los manjares de Juan Carlos Fernández y el descubrimiento de una nueva bodega que siempre es motivo de alegría.

Esther Sanz, la directora del Hotel recibió después las enhorabuenas de las decenas de personas que acudieron a la cena maridaje. La próxima, el jueves 18 de marzo y con la Bodega argentina Familia de Velasco como invitados. El menú es todavía un misterio...

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